Los datos del envío pasan por el cliente, tráfico, el conductor y el subcontratista. Cuantas más personas los envían por mensajes privados, más difícil es controlar dónde terminan.
También son arriesgados los cambios de lugar de descarga a última hora. El conductor debe saber a quién llamar y qué verificar antes de desviarse a otra dirección.
La base es limitar el intercambio de datos, verificar al socio y registrar cada cambio de instrucciones. No es burocracia adicional, sino una defensa sencilla contra la pérdida de toda la carga.
Un cambio de descarga recibido por mensajería puede parecer normal. Si el desvío es de 35 km y la mercancía vale 90.000 €, una llamada de dos minutos al contacto original es un control muy barato frente a una entrega fraudulenta.
Fuente oficial: TAPA EMEA
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