Primero hay que verificar la aprobación del fabricante para el motor concreto. Muchos vehículos modernos admiten HVO, pero en uno antiguo no conviene confiar en afirmaciones generales.

La segunda cuestión es el precio y la disponibilidad en ruta. Si el vehículo debe desviarse para repostar o el combustible lleva un recargo importante, el beneficio ambiental también tiene un coste operativo.

El cliente que exige menos emisiones debe recibir una oferta transparente. La diferencia de combustible no debe salir del margen del transportista.

Supongamos que el HVO cuesta 0,18 € más por litro y el viaje consume 290 litros: el sobrecoste es 52,20 €. Si el cliente exige la reducción de emisiones, esa cantidad debe figurar como opción separada y documentada.

Fuente oficial: European Alternative Fuels Observatory

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