Un vehículo moderno transmite posición, consumo, ralentí, fallos y estilo de conducción. El problema ya no es la falta de datos, sino su volumen y una responsabilidad difusa.

Un buen comienzo son tres indicadores que la empresa realmente gestione: ralentí, desvío de ruta y consumo, por ejemplo. Cada uno necesita un responsable que lo revise semanalmente.

El conductor necesita comentarios con contexto. Una frenada brusca no prueba nada; un patrón repetido en la misma ruta sí puede indicar un problema.

Una flota de quince vehículos que reduce diez minutos diarios de ralentí ahorra 75 horas de motor al mes. Con 2,5 litros por hora, son cerca de 188 litros; esa cifra sí permite valorar si la alerta sirve.

Fuente oficial: European Commission — Digital transport

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